Capitulo 7

Capitulo 7

He tenido experiencias dentro de la universidad donde se han presentado asimetrías de poder mal gestionadas. En particular, recuerdo el caso de una profesora que evaluaba de manera subjetiva a los estudiantes, especialmente cuando sus opiniones diferían de las suyas. También viví una situación con una monitora que, aunque era estudiante como nosotras, asumía una posición de superioridad y exigía tareas que no le correspondían asignar. Estas experiencias me hicieron más consciente de cómo el poder puede usarse de manera inapropiada, incluso en espacios educativos.

Dentro de la universidad he entablado relaciones con docentes, monitores/as, compañeros/as líderes estudiantiles y personal administrativo. Los docentes tienen un rol de autoridad muy claro: pueden calificar, orientar y, en muchos casos, abrir o cerrar oportunidades académicas. Las personas que ejercen monitoreo o asistencia académica también tienen cierta influencia, aunque a veces se extralimitan en sus funciones. Los representantes estudiantiles, por su parte, tienen un poder organizativo y simbólico que, si no se maneja con responsabilidad, puede derivar en prácticas de exclusión o manipulación.

Las asimetrías de poder se evidencian especialmente en relaciones como la de profesor/a – estudiante, monitor/a – estudiante, coordinador/a de programa – estudiante, comité de prácticas – practicante y dirección administrativa – pasante. En todas estas interacciones hay una parte que tiene mayor autoridad, toma decisiones o puede influir significativamente en el futuro académico o personal de la otra.

Una relación de poder puede vulnerar los derechos de la persona subordinada cuando se pierden de vista los límites del rol y se utiliza el poder para intimidar, manipular, discriminar o excluir. Algunas señales de alerta incluyen evaluaciones subjetivas, falta de transparencia, ausencia de canales de denuncia efectivos, desigualdad en el acceso a la información y el uso de relaciones afectivas o personales como estrategia de control. También es preocupante cuando las personas subordinadas sienten que deben aceptar dinámicas injustas por temor a represalias.

Sí, una relación de poder mal manejada puede suponer una grave vulneración de derechos. Puede afectar la autoestima, el rendimiento académico, la estabilidad emocional y la participación activa del estudiante o subordinado. Por eso, es crucial que quienes ocupan posiciones de poder en la universidad actúen con ética, responsabilidad y respeto. La existencia de mecanismos institucionales claros para atender estas situaciones es fundamental para proteger el bienestar de todas las personas que integran la comunidad universitaria.

En conclusión, reconocer las asimetrías de poder no significa eliminarlas por completo, sino gestionarlas de forma consciente y justa. Las relaciones en la universidad deben construirse sobre el respeto mutuo, la equidad y la posibilidad de diálogo. Solo así podremos garantizar espacios de aprendizaje seguros, libres y transformadores.

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