María Clara y su clase.
- ¿Qué sientes al observar esta situación?
- Siento que María Clara no cuenta con herramientas para lidiar con escenarios de soledad y presión, y esto es muy complejo porque la pone en una situación muy vulnerable. Eso me da impotencia porque me provoca decirle “haga esto, haga aquello, etc.”. Sé que esto no es del todo correcto, pero es lo que pasa por mi cabeza primero. Me da rabia, por otro lado, el abordaje que hace el docente con María Clara y sus compañeras, pues hace del aula de clase un espacio sexista y poco seguro. Las mujeres no tenemos por qué esforzarnos más por ser mujeres. Además, pareciera que el profesor también sacara provecho del carácter de María Luisa para ridiculizarla.
- ¿Te identificas con algo de lo que está ocurriendo?
- Me pasó cuando estaba haciendo uno de mi pregrados. Vamos a llamar Rosa a la profesora. Rosa es una de las famosas “vacas sagradas” o profesores inamovibles de la carrera. Rosa dictaba cuatro cursos elementales a lo largo de todo el pregrado, por lo que todos tuvimos que pasar por sus manos para poder graduarnos. Una de sus pautas de enseñanza descansaba en que “los mejores” debían extralimitarse para poder sacar su máximo potencial. Por cada cohorte, Rosa seleccionaba uno o dos estudiantes para presionarlos y sacarles su “potencial”. Una de ellas fui yo. Mi paso por la universidad estuvo fuertemente marcado por Rosa. A pesar de ser excelente alumna, nada para ella era suficiente. Me trataba mal y ridiculizaba todo el semestre para felicitarme públicamente o en privado al final del semestre diciéndome que “podía lograr grandes cosas”. Cada que tenía clases con ella me enfermaba, tenía pesadillas el día anterior a la sesión (si es que lograba dormir porque tenía que esforzarme el triple que mis compañeros). Así transcurrieron varios años, y con ellos muchos inconvenientes entre ella y yo. Tuve que abrirle múltiples procesos en la Universidad donde estudié, recuerdo dos de ellos: el primero fue en mi primer semestre. Me hizo retirar la asignatura porque yo trabajaba y estudiaba al tiempo y, por lo tanto, debía retirarme para solo dedicarme a trabajar porque yo no “tenía por qué estar trabajando”. Me dijo que me fuera a una nocturna. Aclaro que estudié becada en una universidad de élite y esto puede explicar esta situación. El tema del clasismo siempre fue implícito. A ella le molestaba mucho el contexto del que venía y le molestaba que cuestionara sus postulados ” blancos” y desconectados de la realidad de los que vivimos en las periferias urbanas. El otro proceso que quiero contarles casi me cuesta mi grado, técnicamente, la señora le molestó que fuera a presentar un examen para la beca de mi maestría (era mi oportunidad). Le pedí permiso porque quería ser respetuosa con ella y su clase, pero su respuesta fue negativa y, sabiendo que al final yo iba a presentar mi examen porque era prioridad, empezó a sabotear mi trabajo final, al punto de que simplemente no quería que lo presentara porque “ya no lo merecía presentar”. Tuve que abrirle un proceso en la universidad para que me dejara culminar la carrera. Lo más triste de todo es que esa misma semana cinco estudiantes habían ido a quejarse de sus comportamientos desproporcionados, pero la Universidad no hizo nada con eso. Incluso, los estudiantes le tienen tanto miedo que, cuando quise recolectar evidencias y testimonios, nadie se animó a decir nada porque ” de eso dependía su carrera”. No los culpo, siempre le tuvieron miedo. Me sentía tan pequeña a veces. Al final de ese año, incluso después de mi proceso, me enteré de que la asignaron como directora de programa. Hoy sigue dictando clase y llenando a la universidad de “prestigio” mientras mantiene actitudes poco éticas y pedagógicas con sus estudiantes. Esto me generó una crisis nerviosa en su momento muy fuerte y se me despertó una autoinmune. La última materia era de cinco créditos, por lo que tenía que enfrentarme a esta situación cinco de los siete día de la semana.
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