Ser un apoyo, no una presión
Hay una línea muy delgada entre alentar y presionar. Por un lado, las situaciones de monopolización en las relaciones personales puede escalar a generar dependencia, impidiendo que la otra persona pueda destacar y sentirse segura por sí sola. Por otro lado, al no saber motivar o alentar a un estudiante de manera asertiva, es posible llevarlo a un punto de quiebre al ejercer presión excesiva en una persona vulnerable.
Como educadores muchas veces queremos alentar a los estudiantes a que desarrollen sus habilidades, y es cierto que muchas veces ellos necesitan un pequeño empujón que los impulse; pero no podemos permitir que este empujón se convierta en una presión excesiva que pueda causar en los estudiantes el efecto contrario al deseado.
Esto me ha permitido reflexionar sobre mi rol en la educación: debe suponer un punto de inflexión en los estudiantes, no un punto de quiebre.
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