Primero es importante reconocer cómo esa conducta está afectando a otras personas, ya sea a nivel emocional o físico. Luego, si es posible, hablar directamente con esa persona para ayudarla a tomar conciencia del daño que está causando. Si no hay cambios o la situación continúa, lo más adecuado es buscar apoyo en los recursos que ofrece la universidad, como grupos de acompañamiento, psicólogos o consejeros.
Fomentando espacios de diálogo donde se pueda hablar abiertamente de estas conductas, de manera que las personas se sientan seguras para expresarse y visibilizar estas situaciones, evitando que se normalicen o se acepten comportamientos MAAD como algo cotidiano.