Muchos de estos comentarios los he escuchado en diferentes contextos, desde la familia hasta el ámbito educativo y social. Frases como “los hombres no lloran” o “las mujeres son más sensibles” refuerzan estereotipos de género que limitan la forma en que las personas pueden expresar sus emociones y desarrollarse libremente.
Además, expresiones como “quién la mandó a estar vestida así” normalizan la culpabilización de las víctimas en casos de acoso o violencia de género, lo cual es preocupante. Estos comentarios no solo reflejan prejuicios arraigados, sino que también contribuyen a mantener desigualdades en la sociedad.
Es importante cuestionar estos discursos y promover un lenguaje más inclusivo y respetuoso que valore a las personas por quienes son, sin imponer roles de género o justificar comportamientos dañinos.