Con el comentario de Sebastián se me viene a la mente una carga injusta puesta sobre las mujeres, como si tuvieran que “demostrar” o “representar” a todas solo por ser mujeres. Además, se normaliza la exigencia o el trato estricto como si fuera una forma válida de impulsarlas, cuando en realidad puede convertirse en presión y en una manera de responsabilizarlas por desigualdades que no deberían recaer sobre ellas.
Sí, creo que muchas veces uno se ha sentido limitado para acceder o disfrutar ciertos espacios por prejuicios ajenos, ya sea por la forma de vestir, hablar, la edad, el género o incluso por la carrera que estudia. Es incómodo porque uno siente que lo están juzgando antes de conocerlo, y eso puede generar inseguridad o la sensación de no pertenecer.
Sí, pienso que en algún momento todos hemos impuesto barreras, aunque sea de forma inconsciente, cuando nos dejamos llevar por estereotipos o primeras impresiones. A veces uno asume capacidades, intenciones o comportamientos de otra persona sin fundamento, y eso puede afectar la forma en que la tratamos. Reconocerlo es importante para corregirlo y ser más justos.