Con el comentario de Sebastián: “Si él es estricto es para que sean ustedes las que saquen la cara por las mujeres de la carrera”, lo primero que me genera es incomodidad. Se siente como una generalización que pone sobre las mujeres una responsabilidad que no debería depender del género, sino del desempeño individual. También refleja un estereotipo implícito: que las mujeres deben “probar” algo adicional o representar a todo un grupo, como si su valor estuviera condicionado a una expectativa colectiva.
Sobre si alguna vez no he podido acceder o disfrutar de un lugar por prejuicios o estereotipos, sí. En algunos espacios académicos o laborales he sentido que, por ser mujer y joven, a veces hay una percepción inicial de menor autoridad o experiencia, especialmente en entornos clínicos exigentes como urgencias. No siempre es explícito, pero se nota en la forma en que te interrumpen menos, en cómo validan más rápido a otras voces, o en la necesidad de demostrar constantemente que sí tienes criterio. Eso termina afectando la forma en la que uno se siente en el espacio, aunque siga participando.
Y sobre si alguna vez he impuesto barreras a alguien por estereotipos o prejuicios, creo que sí, aunque no de forma consciente o intencional. Con el tiempo he entendido que uno también carga ideas aprendidas sobre cómo “deberían ser” ciertas personas según su rol, su forma de hablar o su apariencia, y eso puede influir en la primera impresión. Sin embargo, en mi práctica clínica he tratado de cuestionar mucho eso, porque en urgencias pediátricas es evidente que esos prejuicios pueden afectar la relación médico–paciente. Hoy intento ser más consciente de cuándo estoy interpretando desde un estereotipo y no desde la persona que tengo enfrente.